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Escrito por Guille
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Martes, 13 de Julio de 2010 11:03 |
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Nietzsche presentaba el eterno retorno como una invitación a vivir, a desesperar ante los profundos y continuos abandonos. Imagina que en el tiempo infinito se repita una y otra vez lo mismo, en idéntico modo; cada beso no dado es un beso que no se dará nunca, por el tiempo de los tiempos nos quedaremos con las ganas, cada lugar no conocido será desconocido infinitamente, cada arrepentimiento se repetirá una y otra vez.
La idea es buena, clara y potente: Si no vivís ahora, no vivís nunca.
Ahora pongamos las cosas desde el orden moral. Hablaba con un amigo que anda flaqueando en amores y es esta una situación fulera para cualquiera que la haya sufrido, pero el tiene una solución: "agarrar lo que venga para cortar la racha"
Parece ser que el universo tiene algunos recodos secretos, entre los que ha establecido que una persona en pareja es más deseada que una sola (las ganas se notan decía una propaganda de sprite), entonces este amigo aprovechaba esta situación - "Me agarro alguna hasta que cambie la racha, después la largo, cuando otras me den bola".
Ahí, aunque parezca mentira, me vino Nietzsche a la cabeza. Que una mina sufra un desamor porque uno quiere "cortar la racha" parece algo más o menos tolerable. Todos hemos sufrido y sobrevivido. Ahora bien, si ese uso de la persona, ese hacer sufrir y tomar a la persona como medio y no como fin, se repite hasta el hartazgo, hasta el infinito y más allá, si una y otra vez por el tiempo de los tiempos este amigo va a estar usando a una mina para cortar la racha; si infinitamente la va a hacer sufrir una y otra vez, lo convierte instantáneamente en un hijo de puta.
A simple viste se veía, pero con esto él tomó conciencia de lo que hacía.
El ejemplo es burdo pero auténtico. Antes de obrar, ante la duda preguntar ¿Puedo desear repetir esta conducta eternamente? Ahí se nos aparece nuestra acción en todo su peso, en toda su consecuencia.
Actúa de tal modo que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en ley universal. El principio de Kant (como lo recuerdo, no es exactamente así) es hermoso, pero es más abstracto y pocos vi que lo respeten. Nietzsche no ideó el eterno retorno con este fin, pero tantas veces le han hecho decir cosas que no dijo que, una más, no creo le moleste.
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Escrito por Guille
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Martes, 02 de Marzo de 2010 20:20 |
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Esta la segunda versión de la película, estrenada en 1948.
La verdad es que los personajes son mucho más parecido a lo que imaginaba tras leer el libro. Ana, interpretada por Vivian Leigh, es realmente hermosa, aunque sigue faltando un poquito para llegar a ser La Ana Karenina.
Esta versión también es un poco más rigurosa en cuanto a la forma de contar las cosas, dura una hora y cincuenta minutos (treinta más que la anterior) y aun así quedan muchas cosas que valen la pena, que deberían estar y brillan por su ausencia.
Tras ver una de estas películas encontramos una linda historia de amor y a Ana que raya la locura, porque sus decisiones se precipitan casi sin fundamento.
Queda la versión de 1997, la última esperanza, veremos que tal.
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Escrito por Guille
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Jueves, 17 de Junio de 2010 15:42 |
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No suelo concurrir a ver obras de teatro y la verdad es que nunca me gustó el teatro under. Siempre los actores exageran su gesticulación, hacen voces raras y ponen cara de loco, demostrando su histrionismo. No es para mí.
Sin embargo fui a ver Nortfolk, un amigo actúa, me dijo que era buena y el respeto que le tengo me llevó a ver la obra.
Son dos tipos que van caminando o marchando y rememoran situaciones vividas o contempladas, oídas. Cada escena que se rememora es una escena actuada, entonces continuamente nos llevan de los hermanos que caminan a ser madre e hijo, abusador y víctima, asesino y cadáver, etc.
Y es que estos sujetos son militares, o algo similar, uno se confiesa desertor y a lo largo de la obra, los que siempre tuvimos una visión algo peyorativa de los desertores nos encontramos con que es desertor por oposición a asesino, es desertor porque no quiere matar. Así se nos plantean conflictos una y otra vez. Si, si, a los espectadores.
Cuentan historias de la guerra, de seres mutilados, de asesinos y víctimas, de hambre, de sed, de muerte y de sangre y va y vuelve entre risas y lágrimas. No me equivoco, se da entre risas y lágrimas.
Vemos a los personajes desesperados por haber encontrado un cadáver que reconocen y las lágrimas se escapan (bueno, a mí se me escaparon) y en ese momento de tensión, de turbación, de incomodidad profunda, saltan y gritan que la escena salió bien y que están contentos, haciéndote sentir un boludo o algo similar.
Más tarde o más temprano uno habla de manera chistosa, se queja y es inevitable esbozar una sonrisa (cuando no carcajada), para que al instante el del habla cómica diga "pero tengo hambre..." y ahí el mundo se nos viene abajo y quedamos totalmente desubicados otra vez.
La obra se desarrolla así, nos plantea cuestiones atinentes al hambre, a la libertad, a la guerra (una mirada de la guerra completamente distinta y mucho más profunda nos queda) y tantas otras cuestiones que es difícil enumerarlas en un post de blog de medio pelo.
No se si estarán muy ocupados el próximo domingo o los dos o tres siguientes, pero sino, a las 20:00 hs. en la sala A del Pasaje Dardo Rocha, pueden ver Nortfolk, y después me cuentan.
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Última actualización el Jueves, 17 de Junio de 2010 16:02 |
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Escrito por Guille
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Sábado, 27 de Febrero de 2010 16:01 |
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Basado en los dibujos de Fontanarrosa, Boogie, el aceitoso fue llevado a la pantalla grande conservando los caracteres dados al personaje.
Boogie es ex militar (yanki) y trabaja como mercenario a la orden de quien le pague (por eso mercenario, :P), siendo un tipo sin sentimientos, totalmente violento y frío.
Aparece un sujeto que amenaza su superioridad en el negocio haciéndolo ver viejo, por lo que secuestra a una testigo que inculparía al jefe de la mafia, evitando así que la maten para que no se presente en juicio.
Plagado de situación cómicas, pero con un humor ácido que no es para todo el mundo.
Para disfrutar un rato. No más que eso.
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